Con sus ciclos cálidos
de 40.000 años, Marte proporcionaba la perfecta estación
experimental intermedia para ese proyecto. Si algo resultara
mal, por lo menos aquellos ciclos en el sistema de Arcturus no
serían afectados – o así se pensaba. Ya que algunos de los que
estaban a cargo del proyecto marciano no habían considerado
cuidadosamente la efectividad inexorable del karma, la ley de
causa y efecto. Pero incluso, en Arcturus, en ese tiempo eran
raros aquellos que pudieran recordar algo que hubiera ocurrido
unos 40.000 años antes del momento y pensamiento presentes.
Por lo tanto, cuando
comenzaron a suceder los extraños sucesos en Marte, V.24.4, muy
pocos en Marte – o en Arcturus para el caso – estimaron las
extrañas consecuencias de olvidarse mutuamente de la existencia
del otro.
Esto describe el relato
de la estación intermedia arcturiana experimental, V.24.4,
Marte.
Bien, así es
precisamente cómo sucedió esto– el Gran Olvido.
Había allí dos
magníficos reinos: Elysium y Atlantis. Mientras Elysium estaba
gobernado por el polo norte magnético, y sus constelaciones
conductoras eran dirigidas por la honorable Arcturus, Atlantis
estaba gobernada por el polo sur bajo la dictadura de la lejana
Antares. Mientras Atlantis semejaba algo así como una tiara de
esmeraldas que fulguraban brillantemente flotando en las crestas
espumosas del Mar de las Sirenas, Elysium, con sus azulados
canales de irrigación que creaban líneas paralelas celulares
dentro de un canal principal circular de navegación, estaba
situado al oeste de Amazonis y Mesogaea, y al norte de la
salvaje Zephyra – de donde emanaban los monzones estivales.
Más allá de Zephyra,
lejos hacia el sur, se extendían las grandes aguas tropicales
del Mar de las Sirenas, sus misteriosas brisas transportando
señales y armónicos susurros desde las bulliciosas torres de las
islas de Atlantis.
Ahora, en este momento,
cuando Marte había sido perfectamente domesticado y cultivado
por el experimento arcturiano, y se había presentado al sistema
solar Velatropa como el brillante ejemplo de las posibilidades
de formas de vida altamente evolucionadas, sucedió que los
marcianos – pues ellos ya no se consideraban como productos de
un experimento arcturiano – se consideraron lo bastante
poderosos para controlar la misma fuerza cósmica que los trajo a
la existencia. Por supuesto, si no hubieran olvidado que eran el
feliz resultado de un experimento arcturiano, y si los
arcturianos no hubieran olvidado ese valioso experimento – pues,
en verdad, eso es precisamente lo que sucedió en la honorable
Arcturus – nada de todo eso habría pasado. Pero ahora todo será
relatado.
Al fin y al cabo, lo
que sucedió en Marte ni siquiera los marcianos podrían haberlo
controlado, pues en realidad fue como consecuencia de
diferencias entre Arcturus, la conexión Hiperbórea, y la
conexión de Hiperaustral, Antares – el Dragón Azul de los
Chinos, llamado por Ptolomeo el Rival de Marte, tan prominente
para nosotros en la constelación de Escorpión.
Aunque habían sido los
arcturianos quienes originalmente dejaron su semilla en V.24.4,
Marte, los de Antares no establecieron comunicación con la
colonia marciana hasta unos 30.000 años después de iniciado el
experimento. Naturalmente, la conexión de Antares era más
dominante en el hemisferio sur, mientras que la influencia de
Arcturus acabó concentrándose – en forma gradual, sin saberlo y
de manera inconsciente – en el hemisferio norte. Así sucedía en
tiempos del pasaje crítico, 40.000 años después del comienzo del
experimento. Aquellos que, tanto en Arcturus como en Antares,
podrían haber sabido de qué se trataba, estaban dormidos sobre
el panel de control. A pesar de la Gran Amnesia, Elysium, con
sus jardines colgantes y torres piramidales totalmente
incrustadas de cristales, llegó a ser conocida como la sede de
la Orden Hiperboreal del Estandarte Arcturiano, y Atlantis, con
sus discos reflectores de cristal brillando y girando lentamente
en el paradisíaco Mar de las Sirenas, era conocida en todo Marte
como la sede de la Orden Hiperaustral del Estandarte de Antares.
Fuese en Moab o Eden,
Thamasia o Thyle, los versos eran conocidos y cantados así:
Establecida en el Mar
de las Sirenas como una joya
Atlantis regida por
Antares
Cabalga olas de cristal
Que al Sol ardiente
hace temblar;
Elysium aleccionada por
Arcturus
Rodeada con brillantes
lagunas
Sopla vientos de
curativa luz
A través de Etiopía,
Isis, y los pletóricos campos árabes...
En verdad, en la época
que Elysium y Atlantis rivalizaban por el poder, eran
virtualmente los únicos reinos que quedaban en el desventurado
Marte. Las rutas comerciales y los centros de poder de Elysium
crearon una red de resplandeciente cristal que se extendía a lo
largo de todo el gran continente norte de Borea. Desde Tharsis a
Xanthe, Utopia y Ucronia, legiones de boreanos se dirigieron a
Elysium a rendir tributo al Gran Receptor de Cristal situado en
la cima de la Pirámide Central en medio de los un día plácidos
Campos Elysianos.
Mientras tanto en el
sur, a lo largo de los caminos del Gran Mar Austral, Los Navíos
Hespéride, Trinacria, Cimmerium y, por supuesto, la magnífica
Sirena, se dirigían con las cubiertas lustrosas, sus velas
henchidas, sus obeliscos de cuarzo centelleando en la proa,
hacia la orgullosa Atlantis.
Dentro de esta
tranquila situación surgieron dos nefastas tendencias, arrojando
sombras cada vez más largas a través de los mares y los campos
barridos por los vientos en Marte. Hacia el norte se hallaban
los cada vez más abusados Desiertos Rojos, mientras que hacia el
sur estaban las "lagunas amarillas", parajes marinos de aguas
estancadas cuyo número iba en aumento. Desiertos tan ardientes
que, durante el día, ninguna criatura se atrevía a aventurarse
en ellos; tan fríos por la noche que hasta las estrellas
parecían congelarse en su trayectoria. Y en los parajes marinos,
olores pestilentes se elevaban en oscuros vapores amarillos,
dejando entrever la muerte segura para quienquiera que ingresase
en ellos. Aunque estaba haciéndose evidente para algunos que se
trataba de sucesos naturales en todo el ciclo ambiental
marciano, algunos individuos de pobre mentalidad cercanos a las
sedes centrales del poder, suponían que tales sucesos eran obra
de agentes atroces pertenecientes a la oposición. Esto era así
especialmente en Atlantis, donde el pánico había comenzado a
afectar a la población a niveles inquietantes. La plaga del Mar
Amarillo, como se denominaba a sus perturbadores olores, era –
según el rumor ampliamente extendido en Atlantis, y que llegaba
hasta el gobernante mismo – una forma de guerra bacteriológica
dirigida por los elysianos.
Ese gobernante atlante,
Lord Pelagus VII, insatisfecho por su propia incapacidad para
comprender la amenaza tanto a su propio bienestar como al del
reino, aceptó la influencia de algunos miembros de su consejo
privado, llamado el Lord Canciller de los Mares. Poseidonis
Iambrichus, y su aliada, Lady Thalassa Chrysalis, Ministro de
Floricultura. Con información que les fue suministrada
secretamente por un Comandante del Consejo de la Transformación
Molecular de Cristal, nuevo poder establecido dentro de la
Máxima Orden de los Artesanos Navieros y de Comunicaciones, Lady
Thalassa y Lord Poseidonis se reunieron a dialogar con Pelagus
VII.
Y esta es la
información y el consejo que los dos impartieron al rey.
En el Mar Hiperboreal,
precisamente de este lado de la estación receptora del Polo
Norte, se situaba un laboratorio elysiano en donde se implantaba
un patrón particularmente mortífero de radiación cósmica, en
células creadas artificialmente. A medida que estos tejidos
celulares infecciosos se transformaban en organismos, eran
tratados con una forma de transducción calórica cristalizada que
fusionaba las células individuales con colonias microbianas
cancerígenas. Esas colonias microbianas eran entonces
contrabandeadas hasta puertos del sur y depositadas al azar en
diversas rutas marítimas con el propósito de producir estragos
bajo las aguas Atlantes.
Desanimado y
horrorizado por semejante historia, Lord Pelagus VII preguntó
qué podría hacerse al respecto. Los dos intrigantes de la corte
respondieron que, según la información que les fue suministrada
por el Comandante del Consejo de la Transformación Molecular de
Cristal, se podría instalar rápidamente un sistema disparador de
rayos láser que con un único rayo instantáneo y dirigido con
precisión sería capaz de desmaterializar con facilidad el
laboratorio y todo lo que en él se encontrase.
Y así comenzó el Gran
Conflicto. En cuestión de meses, Estaciones Atlantes de
Transformación Molecular, algunas ubicadas a bordo de navíos,
otras transportadas en aeronaves, habían comenzado a dirigir los
mortíferos rayos hacia puntos clave dentro del reino hiperbóreo
salpicada de pirámides de Elysium. Aturdido hasta niveles
inverosímiles, el jerarca elysiano, Solis Solonis, tomó
represalia precipitada y desventuradamente ante la profunda
consternación de sus principales ministros, quienes habían
aconsejado con vehemencia que ese curso de acción no haría sino
empeorar la situación de las condiciones climáticas deterioradas
del planeta.
Sin embargo, todos esos
consejos resultaron por demás tardíos. Un año después del
devastador estallido inicial de la guerra de rayos cristalinos,
estaba haciéndose cada vez más obvio que el deterioro climático
del planeta sería irreversible. Peor aún, un día después de las
celebraciones del solsticio, la gran montaña volcánica, Olympica,
estalló en horrorosa actividad en tanto se elevaba por
kilómetros hacia la estratósfera marciana. Las regiones
orientales de la un día lozana Amazonis fueron abrasadas y
quemadas, mientras los temblores producidos por ese volcán que
despertaba eran tan tremendos que hasta sacudieron los discos de
cristal en Atlantis, lejos en el sur, algunos de los cuales
cayeron al suelo destrozándose con resultados devastadores. El
pánico y la anarquía se precipitaron entre los atlanteanos como
una fiebre virulenta. Los oráculos salieron a proclamar la
segura destrucción de todos los habitantes del planeta.
No obstante, el golpe
final, provino de la Gran Helada producida por la espesa nube
volcánica que obstaculizaba la acción del Sol. Sin embargo, de
no haber sido por esta nube el fin habría llegado mucho antes,
pues la intensidad de la explosión del Olympica había producido
un enorme desgarro en el ya débil campo magnético de Marte – un
desgarro que dejó al planeta indefenso contra el embate de los
rayos cósmicos y los residuos que caían. Ya por entonces había
un gran aumento de lluvias de meteoritos y, en todo el planeta,
habían empezado a erguirse nuevos volcanes de manera tan azarosa
que producía perplejidad.
Por entonces, el grupo
gobernante en Atlantis había perdido todo atisbo de civismo.
Atrapados por un miedo insano y la paranoia, resolvieron dar un
golpe final en el corazón mismo de Elysium, poniendo así fin
para siempre a cualquier posibilidad de lo que los líderes
atlanteanos denominaban "invasiones sorpresivas de
contra-insurgencia y contra-ataques geomagnéticos". Y así
concretaron el arma final: un artefacto termonuclear capaz de
ser detonado mediante un único disparo del rayo del mortífero
Dispositivo de Desmaterialización Transformadora Molecular.
En cuestión de meses,
bajo ardientes cielos obscuros, mientras los vientos portadores
de polvo rojizo silbaban a través de las, una vez grandes
ciudades de Elysium y Atlantis, el espantoso plan atlanteano se
encontraba listo para ser ejecutado. Contrabandeado en Elysium
por un equipo de agentes dobles que fingían pertenecer a una
comisión de intercambio para emergencias agrícolas, el
Dispositivo para el Día-D, como ya se lo conocía, llegó al
amplio patio de Solis Solonis. A nadie se le ocurrió revisar los
seis baúles de la comisión de intercambio para emergencias
agrícolas. Ni tampoco el interior del obsequio de presentación
que consistía de una estatua del dios mensajero de los elysianos
– Thothis, el de cabeza de lagarto-, una pieza de apariencia
magnífica, aparentemente tallada en un solo bloque de un tipo
raro de nefrita, con incrustaciones de jaspe. Complacido con
semejante obsequio, Solis Solonis mismo lo colocó en el Gran
Altar ante el Cristal Maestro, una réplica, o así se decía, del
Espejo de Cristal presentado por el gran dios ancestral, Arctur
Arcturis.
Mientras el equipo de
intercambio para emergencias agrícolas se encontraba con altos
dignatarios elysianos, un pequeño pero muy preocupado grupo de
elysianos se reunía para discutir todo lo que sabían respecto de
los sucesos actuales. Empujados por lo que para ellos era un
seguro desastre, se auto-convocaron con el propósito de definir
cuál sería el mejor comportamiento ante semejante clima de ruina
inminente. Aunque habían oído acerca de ciertos planes
atlanteanos para desarrollar un artefacto termonuclear, ninguno
de
este grupo tenía la más
mínima noción de que el artefacto ya había arribado a lo más
íntimo de la corte de Elysium, colocado allí por el rey mismo.
Menos aún, uno y cada uno de este grupo sabían que la
combinación de temor y locura que agarrotaban al populacho tanto
en Atlantis como en Elysium, los patrones climáticos altamente
nada acogedores que ya eran norma, y los efectos de las bombas y
los rayos cristalinos de la muerte, habían eliminado ya al
planeta Marte como base para un ulterior desarrollo evolutivo.
Este grupo
autoseleccionado de unos cuarenta miembros se dividió en dos
partes iguales que apoyaban sendas soluciones. Uno de esos
grupos de veinte miembros resolvió honrar al Gran Planeta
mediante una forma concentrada de meditación colectiva con el
fin de crear un poder de pensamiento que pudiese transmitir todo
lo que alguna vez hubo de bueno en la historia de Marte – tanto
por parte de Elysium como de Atlantis – hacia los campos de
nubes y bancos vitales del planeta vecino, V.24.3, popularmente
denominado el planeta azul debido a su centelleante brillo
azulado. En verdad, tan respetado era el brillo del planeta azul
que resultaba característico hasta del más modesto de los
marcianos referirse orgullosamente al hecho de que en sus
horóscopos tuvieran a ese planeta, conocido por nosotros como la
Tierra, en su ascendente.
Para facilitar su
meditación, este grupo, conocido como los Quartzite Quietists
[los Silenciosos de Cuarcita], usaba un cristal único para
enfocar sus formas de pensamiento y transmitirlas al planeta
azul. Y así continuaron haciéndolo hasta el tumultuoso día en
que el Estallido de la Muerte desbarató la ciudad de Elysium,
silenciándola para siempre y liberando una ola de cataclismos
planetarios masivos que derrumbó la orgullosa Atlantis,
extinguiendo así por fin la vida toda en el desventurado y
desafortunado Marte.
Pero antes de que se
asentara el ardiente y rojizo silencio final, el otro grupo,
conocido como los Activistas Arcturianos, partió rumbo al lado
oriental de la ciudad de Elysium y, desde la cima de las
pirámides circundantes, con unos bien láseres de cristal
adecuados, grabaron en la superficie de la Meseta del Gran
Fundador un vasto retrato del gran dios ancestral, Arctur
Arcturis, dirigiendo la mirada hacia el cielo en dirección a su
hogar, oh perdida y explendorosa Arcturus...
"Incinerado." Así decía
el parte que llegó al Comando Central Arcturiano cuando
analizaron las señales radiales de información cristalina que
venía del sistema de Velatropa. Un parte muy similar se recibió
en Antares.
En cuestión de días, el
Parte de Información V.24.4 había sido emitido. Se lo denominó,
Experimento de Autodestrucción. Afligidos por la vergüenza y el
horror de haber omitido atender algo durante tanto tiempo, los
arcturianos se vieron impulsados a emprender una sólida revisión
y reforma de todas las Fuerzas Galácticas Expedicionarias.
Finalmente, después de
un análisis exhaustivo que incluyó la supervisión tanto de
V.24.4 como V.24.3